Guía completa
Qué compras cuando pagas una diagnosis
Cuando pagas una diagnosis no compras el gesto de enchufar un aparato. Compras el tiempo de alguien que sabe qué hacer con lo que el aparato devuelve.
Un coche actual reparte el trabajo entre docenas de unidades de control que hablan entre sí por varias redes de datos. Cuando una de ellas ve un valor que no encaja con lo que espera, lo apunta y, si el fallo se repite lo suficiente, enciende un testigo. Ese apunte dice qué señal se salió de rango. No dice por qué.
La diferencia es enorme en la práctica. Un aviso relacionado con el caudal de aire admitido puede venir de un caudalímetro sucio, de una entrada de aire falsa después del medidor, de un colector de admisión con las mariposas de turbulencia pegadas o de una toma de vacío rota. Todo eso genera el mismo apunte. Cambiar el caudalímetro es la salida rápida, funciona una de cada tres veces y las otras dos el cliente vuelve enfadado con razón.
Nuestro método intenta cerrar esa puerta: cuadro completo de fallos de todas las unidades, incluidos los esporádicos que ya no están activos, datos de entorno de cuándo se registró el fallo, valores reales con el coche funcionando y, cuando la sospecha es eléctrica, medición directa sobre el cable.
El fallo que aparece dos días después de llover
Si algo distingue lo que entra aquí, son las averías eléctricas que van y vienen. Y suelen contarse igual: el testigo saltó una mañana, estuvo tres días raro y se apagó solo. Casi siempre había llovido.
La humedad continua no rompe nada de golpe. Trabaja despacio en tres frentes:
Los contactos. El agua encuentra su camino por una goma pasacables endurecida o por un conector que quedó mal encajado en una reparación anterior. Dentro no se evapora. Aparece verdín entre el pin y la caja, la resistencia de contacto sube unas décimas de ohmio y la señal que llega a la centralita ya no es la que salió del sensor. El sensor está perfecto y la centralita apunta hacia él.
Los puntos de masa. Las masas atornilladas a la carrocería son el clásico. Cuando el terminal se oxida por debajo, la corriente busca camino por donde puede y aparecen síntomas sin relación aparente: módulos que se reinician, luces que bailan, avisos en unidades que no tienen nada que ver entre sí. Un cuadro de fallos disperso es sospechoso de masa hasta que se demuestre lo contrario, y no se comprueba con un multímetro sin carga: se comprueba midiendo la caída de tensión con el circuito trabajando.
Los mazos de los bajos. Sensores de rueda, sondas del escape y cableado que corre por debajo del coche comiéndose agua, sal y proyecciones del firme mojado. El aislante se cuartea, entra humedad por el punto malo y la señal falla justo cuando pasas por un bache.
Por eso, ante un coche con historial de fallos que aparecen y desaparecen, no nos quedamos con la lectura. Movemos los mazos con el sistema alimentado a ver si la señal salta, calentamos o enfriamos conectores sospechosos y miramos las ondas en el osciloscopio, donde una interrupción de milésimas se ve y en la pantalla del equipo de diagnosis no aparece.
Encontrar un conector con verdín cuesta un rato. Cambiar el sensor que señala el código cuesta cinco minutos y no arregla nada.
Lo que no hacemos
Hay peticiones que nos llegan y que no vamos a atender, sin darle vueltas.
No tocamos cuentakilómetros. No anulamos ni vaciamos filtros de partículas, sistemas de AdBlue ni recirculación de gases: es ilegal, deja el coche fuera de homologación y lo suspende en inspección. No montamos módulos de potencia que engañen a la centralita con lecturas falsas. Y no borramos un aviso para que aguante hasta que vendas el coche.
La tarifa y cómo se descuenta
La diagnosis cuesta de 40 € a 70 € en la mayoría de casos. Cuando hay que rodar con el coche registrando datos o desmontar para acceder a un cableado, puede llegar hasta 165 €, y nunca sin avisarte antes de pasar de la tarifa base.
Si la reparación la haces aquí, ese importe se descuenta de la factura final. La idea es simple: no queremos que el miedo a pagar dos veces te lleve a que te cambien piezas a ciegas, que siempre acaba costando más.